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El cambio climático, una agenda impostergable para los ingenieros agrónomos

La recurrencia de eventos extremos como olas de calor y lluvias muy intensas, así como cambios en los patrones de las heladas, obligan a repensar el manejo agronómico.

Los cuatro años de sequía extrema que transitó buena parte de la zona central de la Argentina, incluida la provincia de Santa Fe, obligaron a repensar la forma de manejo de los cultivos y a afinar las estrategias productivas para aprovechar al máximo un recurso cuya gestión parece ser cada vez más difícil: el agua. En ese escenario, el cambio climático introduce niveles de incertidumbre elevados sobre los cuales, todavía, falta más y mejor información. “Desde la ingeniería agronómica todavía falta más trabajo y más conciencia sobre el cambio climático, falta más capacitación para saber leer mejor los pronósticos, interpretarlos, hacer un seguimiento. Falta más y mejor información, datos, registros, y al no tener eso nos olvidamos rápido de las experiencias”.

Así lo explica María José Dickie (MAT 82-2-1237), ingeniera agrónoma recibida en la facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, profesora universitaria, investigadora y parte del equipo de la estación del Inta en Cañada de Gómez. La experta está cursando un doctorado en Ciencias Agrarias con foco en el cultivo de maíz en un escenario de variabilidad climática, para sumar conocimiento en la construcción de herramientas que ayuden a los productores y asesores a perfeccionar el manejo del maíz en los próximos años.

¿De dónde venimos y hacia dónde vamos en materia climática en la región?

Venimos de 4 años atípicos o muy críticos, con deficiencias hídricas por lluvias menores a lo normal. Muchas veces un año llueve menos que el promedio, pero 4 años seguidos es algo muy crítico. El año 2022 en la zona de Cañada de Gómez fue el más seco de los últimos 60 años, de los que se tiene registro sistematizado. En otras localidades con registros de más de 100 años también fue el más seco, ya que llovió un 55% menos de lo considerado normal, que para nuestra zona son alrededor de 1.100 milímetros anuales, y apenas estuvimos en 550 milímetros.

¿Cómo impacta la falta de agua?

Esa falta de milímetros impactó en todos los cultivos, en la ganadería y en los cauces de ríos, lagos y lagunas, porque no había agua. Hasta el año pasado, si sumamos lo que llovió en 2020, 2021 y 2022, faltó el equivalente a un año entero sin lluvia, nos faltaron más de 1.000 milímetros de agua. Pensábamos que en 2023 íbamos a terminar mejor por el Niño, pero en la zona de Cañada igual estuvimos con deficiencias y nos volvió a faltar agua. Hoy en día, si bien por supuesto la situación es mucho menos crítica que hace un año atrás porque en febrero llovió por encima de los promedios normales, estos milímetros no alcanzan para acumular reservas en los perfiles de los suelos.

En ese marco, ¿cuál es la situación para esta campaña?

Nos encontramos frente a un panorama para la campaña 24/25 de siembra fina en la que, si bien los cultivos ahora implantados están con buen rendimiento -mucho mejor que el año pasado-, pensábamos que íbamos a estar mucho mejor todavía. La ola de ola de calor de fines de enero y principios de febrero hizo lo suyo, ya que tanto las olas de calor como el déficit hídrico afectaron a los cultivos, todos en menos o mayor medida fueron impactados en sus rendimientos.

No parece ser, entonces, un año fácil desde lo climático este…

No es un año para nada fácil, hasta terminar del verano y el principio del otoño seguimos con el Niño, en marzo podría haber lluvias por encima de lo normal, van a ser fundamentales marzo y abril para acumular reservas. Por otro lado, es época de cosecha, así que el agua puede afectar la cosecha y la calidad el grano. Es una situación compleja. Ya veremos qué pasa en el segundo trimestre, ya que para el inicio del otoño y el invierno se espera una fase neutral del Enso, con precipitaciones normales, pero a partir de la mitad del invierno aparece una probabilidad del 55% de una nueva Niña. Falta mucho aún, y si bien no hay que alarmarse, si hay que ser cautos a la hora de planificar la campaña.

¿De que forma aparece el cambio climático a la hora de planificar las campañas hoy?

Se escucha mucho sobre el tema del cambio climático, aparece en todas las charlas, pero siento que aún hay cierta resistencia a llamarlo así y seguimos diciendo “variabilidad climática”, que suena como algo más amigable. Parece haber un rechazo a aceptar esto. Sin embargo, en las últimas campañas vimos que al maíz lo sembramos entre el 20 y el 28 de enero, cuando antes se sembraba en septiembre o en octubre. Es decir, hubo de hecho un manejo distinto para hacer diversificación de fechas de siembra. Entonces, lo que vemos de hecho, es que el clima ya está haciendo que se cambie el manejo. El año pasado hubo un 20% de siembra temprana y un 80% de siembras muy tardías, de diciembre a enero, y hay empresas que ya están haciendo ensayos con esa fecha.

¿De qué forma se expresa el cambio climático en nuestra región?

Vemos que hay cada vez más olas de calor y mayores deficiencias hídricas, así como un cambio en el período de heladas. Esa es la forma en la cual se expresa el cambio climático: más olas de calor y un aumento en la intensidad de las lluvias: o sea, tal vez haya menos cantidad de precipitaciones, pero estas ocurren en menos días, lo que deja más milímetros por hora. Todo eso impacta a su vez en los suelos con erosión y pérdida de materia orgánica. El desafío es manejar eso, estudiar cuál será nuestro manejo, cómo haremos la cobertura. Tenemos cada vez más eventos intensos, hay que trabajar sobre eso.

¿Cómo está parada la ingeniería agronómica frente a eso?

Creo, tengo la sensación, que desde la ingeniería agronómica todavía falta más trabajo y más conciencia sobre el cambio climático, falta más capacitación para saber leer mejor los pronósticos, interpretarlos, hacer un seguimiento. Falta más y mejor información, datos, registros, y al no tener eso nos olvidamos rápido de las experiencias. Por ejemplo 2008 fue un año muy seco y parece que nos olvidamos de cómo se hizo el manejo ese año, que quedó como una anécdota. Todavía falta. Todo el mundo tiene la app del tiempo en el celu, pero falta saber leer los datos. A veces se castiga al Servicio Meteorológico pero lo que falla, por lo general, no es el pronóstico, sino la lectura.

¿Hay una mayor demanda de los profesionales en el tema climático?

Aumentó mucho la demanda de capacitación estos años, hay demanda para los organismos públicos, para el Inta, para instituciones privadas, nos piden saber cómo va a ser la campaña, las tendencias climáticas, quieren saber cómo planificar y hacer una mejor estrategia de manejo. Hay cada vez más consultas, ha aumentado, pero todavía igual nos falta mucho, más datos, más estaciones meteorológicas, y así poder hacer mejores análisis.

¿Cuál es la recomendación básica a los profesionales en materia de clima?

Que siempre, pero siempre, se consulte a las páginas oficiales, que se chequeen las fuentes. Porque el clima tiene un alto grado de incertidumbre, por lo que es clave acudir a fuentes confiables y capacitadas. Desde Inta y desde la facultad estamos para apoyar y capacitar y cubrir esa demanda.

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